De pequeño pasaba mis vacaciones veraniegas en un pueblo de la provincia de Cuenca, y
allí mi familia tenia colmenas
así que podía observar y a veces participar en todo el proceso de la
recolección de miel en plan familiar y de una
manera artesanal. Hoy se me presento la oportunidad de revivir aquellos
días y no dude en apuntarme.
También en una pequeña explotación animal y de manera tradicional pues la verdad es que aunque han pasado 50 años
desde que lo hacia en el pueblo pues el método no ha
cambiado absolutamente nada.
Después de equiparnos con el traje de protección contra las abejas y preparar el pequeño fuelle con huma para
calmarlas procedimos a abrir la caja de la colmena. Primero se busca a la reina con el motivo de
protegerla y tratar
de molestarla lo menos posible a la vez de sacar la miel de los paneles mas alejado a ella.
Luego se sacan aproximadamente la mitad de ellos, para que los repongan durante el verano y
después se llevan los
paneles a la centrifugadora que extraerá la miel
rápidamente y ya esta. Ninguna manipulación de producto mas allá
de un simple filtrado de impurezas y tenemos nuestra miel pura y 100% natural.
La crianza y cuidado de abejas para obtener productos como miel, cera y propóleo, y para favorecer la
polinización y la biodiversidad se llama apicultura.
De la miel se obtienen además de productos alimentarios otras para aplicaciones medicinales y
cosméticas.
La apicultura tiene raíces milenarias. En el Antiguo Egipto, la miel se utilizaba como alimento, ofrenda religiosa y en embalsamamiento. En Grecia
y Roma se desarrollaron técnicas más refinadas y colmenas portátiles. Durante la Edad Media, los monjes europeos perfeccionaron la producción de
miel y cera, y con la colonización, la apicultura se expandió a América. Incluso se han encontrado evidencias de recolección de miel en pinturas
rupestres de hace 7.000 a 8.000 años...