
El castillo de Bran (fotos 1 y 2), edificado en el siglo XIV por mercaderes
sajones para proteger las rutas comerciales, y después reconvertido en palacio de recreo
en la década de 1920, es presentado en todos los folletos turísticos rumanos, como el
típico castillo medieval transilvano, más aun, sobre él recaen todas las alusiones
grotescas y comerciales del Conde Drácula.
Todo eso a parte, el castillo bien merece una visita, no solo por su exterior, sino por su
interior, es exactamente como nos imaginamos un castillo de película de terror, con todos
sus decorados, pieles, trofeos de caza (foto 3), etc, un lugar ideal para jugar al escondite
lleno de rincones, recodos y habitaciones secretas (a donde los cuidadores del castillo te
introducen en secreto con la única intención de venderte sus recuerdos, ropa o telas).
El precio de la entrada al castillo, también da derecho a visitar una reconstrucción de
pueblo típico rumano, con sus granjas, herrería, cocinas típicas, etc (foto 4)...