Otra etapa mas de nuestro recorrido por el DDK húngaro, esta vez de Oriszentpéter a Velemér y continuamos disfrutando
de las vistas de los bosque en modo otoñal con sus colores amarillentos unas veces y
hasta rojos en otras ocasiones, un
autentico disfrute para la vista.
Este tramo serpentea principalmente entre los pueblos de Orség y Zala, que están separados entre sí por bajas
colinas. Al llegar a Zala, todo es una zona boscosa y poco poblada hasta Velemér.
A parte de los bosques en estado otoñal hay dos atractivos importantes que visitar en esta ruta y que no hay que
perderse:
Por una parte los Campanarios de madera de Orség en Gödörháza, Felso y Alsószenterzsébet y la otra la Iglesia de la época
de los reyes de la dinastía Árpád en Velemér.
Los campanarios de madera tienen su origen en que los pueblos no
tenían dinero para construir iglesias, entonces los
habitantes de estos asentamientos erigían campanarios faldados esto es: donde el soporte de la campana se reforzaba con
estructura en forma de tienda, y luego el tejado resultante se cubría con diversos materiales: por ejemplo, paja, tejas de
madera, hojalata o tejas. Esta campana suele sonar con motivo de una muerte y un funeral. Cuando un hombre muere, suena
la campana con tres interrupciones, y cuando muere una mujer, con dos interrupciones.
Respecto a la iglesia de Velemér junto a la frontera con Eslovenia decir que tiene 7 siglos de
antigüedad y esta decorada
con unos frescos que a pesar de sufrir
muchos deterioros por el tiempo el abandono y los incendios todavía se puede
milagrosamente disfrutar de ellos, claro eso si tenéis la suerte de encontrar la iglesia
abierta. Ahora en tiempo
invernal no fue el caso pero aun así la iglesia es
fantástica de contemplar simplemente desde el exterior hermosamente
posicionada entre árboles...
La iglesia fue erigida y nombrada en honor al Espíritu Santo, sus frescos fueron realizados por Juan Aquila de Radkersburg
alrededor de 1377-78. Estos cubrían toda la superficie de los muros, pero la iglesia fue tomada por los calvinistas a
mediados del siglo XVII, quienes rechazaron las representaciones, por lo que las paredes fueron encaladas. La iglesia comenzó a deteriorarse
en 1808 y su tejado se derrumbó. El agua de lluvia lavó la capa de cal y los frescos también resultaron dañados.
En el siglo XIX recibió un nuevo tejado, pero se incendió en 1871, y el agua que se apagó para el incendio dañó aún más las pinturas. El edificio
permaneció sin techo durante mucho tiempo, en su nave crecían árboles y el suelo estaba cubierto de excrementos de animales. Fue en este estado
donde Imre Gózon, un maestro de Szentgyörgyvölgy, lo encontró y informó a Flóris Rómer, una personalidad reconocida en la protección de monumentos.
En 1863 hizo una descripción completa de la misma. En las décadas siguientes, sufrió varias renovaciones y conservaciones: en 1941, Ágoston Pável
(director del museo de Szombathely) hizo un nuevo tejado para la iglesia y realizó las restauraciones más necesarias. Sin embargo, los frescos no se
restauraron completamente hasta 1968.
Actualmente, la mayoría de los murales son claramente visibles. Y en el solsticio de invierno, los primeros rayos del sol que entran por la ventana
redonda del sureste
del santuario iluminan al niño Jesús sentado en el regazo de la Madonna. En el solsticio de verano, la luz que entra por la ventana ilumina las
figuras bajo la túnica de la Madonna, y al avanzar, se detiene en el umbral. En el equinoccio, la iluminación simultánea de
las figuras en la pared norte provoca un espectacular fenómeno óptico. En el solsticio de invierno, cuando el sol está bajo, sus rayos
resaltan la parte superior de la pared norte durante todo el recorrido...