Después de la mini-excursión al faro es una buena idea ir hasta Altea para visitar la
población, darse un baño en
su playa comer y terminar de pasar el día.
Altea es una de las localidades costeras que ha sabido mantener su esencia en los últimos tiempos. Conserva su casco histórico de calles empedradas,
casas blancas y rincones llenos de flores que hacen pensar que el tiempo se ha detenido. Aunque la paz queda interrumpida por los muchos viajeros
que la visitan sobre todo en verano, merece mucho la pena acercarse a conocerla.
Como la población o mejor dicho su casco antiguo no es muy grande se puede ver todo con comodidad. Empezare diciendo que hay varios parkings
gratuitos no lejos del centro, así que aparcar no es un problema aquí.
Nosotros comenzamos nuestra visita dejándonos perder por el casco antiguo callejeando por sus estrechas calles blancas y repletas de flores para
terminar en su catedral, que es fantástica. Construida a principios del siglo XX sobre los restos de un antiguo templo, esta iglesia destaca por
sus cúpulas de tejas azules y blancas, que
se han convertido en un icono visual de la región
Tanto a la subida como a la bajada os encontrareis con varios miradores con vistas al mar y a la montaña, tal vez el mas popular es el que se ve
desde la entrada de la iglesia.
Y después pues a la playa que la encontrareis directamente bajando del centro
histórico. Desde la punta del Mascarat hasta el
puerto cuenta con 6 kilómetros de costa en los que se suceden diferentes playas, aunque eso sí, todas son de cantos rodados y no hay ninguna de
arena. La playa principal, cuenta con un paseo marítimo y todos los servicios,
además de muchos restaurantes...